Cuando una gata lee


A veces se lee un libro como quien entra en un sueño, se despierta, y tiene la sensación de que solo han pasado unos segundos. Sin embargo, en la memoria se desperezan ciento una imágenes maravillosas del sueño terminado. ¿Cómo he podido vivir tanto en tan poco tiempo?

Me sucedió con El Consuelo, de Anna Gavalda. Lo leí este verano en un fin de semana.

Quizá porque uno de los escenarios en los que transcurre se parece mucho a mi propio hogar.

Quizá porque las personas que aparecen se relacionan con los animales no humanos dentro de un fantástico paraíso de amor, respeto y libertad.

Quizá porque hay tanta diversidad como en la misma vida, tanta desesperanza y tantas posibilidades de recomenzar.

Quizá porque los personajes tratan a la muerte de tú a tú, a los ancian@s como seres todavía "útiles" en las relaciones humanas, y a los niñ@s y jóvenes como personas "completas".

Quizá porque cuando uno ya no busca nada, ya está de vuelta de todo, entoces va, y encuentra.

No suelo comentar libros en este blog. Pero no sé por qué, me apetecía contaros algo sobre éste. Lo único que no me gusta es el título, porque hace referencia a una palabra francesa que designa a una partida de cartas que va después de la de la "revancha", una partida que se juega por jugar, sin ganadores ni perdedores. La traducción se aproximaría más a la consolante, o a la consoladora, pero claro, no suena bien en castellano.

Mi gata Fadagris me acompañó durante muchas horas de lectura, y a ella le gustaron especialmente ests párrafos:

"Cuatro minúsculos gatitos escondidos debajo de un coche muy viejo... Los niños se volvieron locos con ellos. Le preguntaron si los podían coger en brazos, y nos fuimos todos a jugar en el césped que había detrás de la casa.
Mientras se diverían con los animalitos como si fueran golosinas, el viejo y yo nos sentamos en un banco. El hombre tenía al perro en su regazo mientras se liaba un cigarrillo. Sonreía mirándolos y me felicitó: yo también tenía una camada bien maja... Me eché a llorar al instante. Tenía un montón de sueño atrasado, no había hablado con un adulto amable desde... Ellen, así que se lo conté todo.
(...)
Ese señor René, con sus gallinas, sus vacas, el viejo caballo que le habían encargado que cuidara, su perrito y su caos enorme se convirtió en nuestra nueva familia. Por primera vez, me sentía bien. Protegida. Tenía la impresión de que nada malo podía aguardarnos detrás de esas tapias, que el resto del mundo estaba al otro lado del foso…"págs.402-403.

6 comentarios:

Lludria dijo...

Confieso que la primera parte del libro se me hizo un pelín cuesta arriba, me resultaba agobiante ese mundo en el que Charles Balanda se movía -y digo movía, porque aquello no era vida-,la segunda mitad me resarció con creces y me pregunto si la disfruté tanto precisamente por haberme sentido tan angustiada como él en la primera.
Celebro que Fadagris lo haya disfrutado, también Balzac contemplaba curioso el pasar de las páginas y tanteaba a ratos con sus bigotes largos -larguísimos- en busca de los mejores párrafos.
Saludos gatunos ♥

Lamia dijo...

He leído varios de los libros de Anna Gavalda. El último: "la sal de la vida". Me pasó lo mismoq que a Lludria pero al revés: La primera parte me parece mucho mejor que la segunda. En cualquier caso, disfruté mucho leyéndola. Quizás cuando acabe con el libro actual, me decida por "El Consuelo".

Carol dijo...

Hola!!
Petra y yo hemos pasado a conocerte y tengo que decirte que me ha encantado esta entrada.
Ya me habían hablado del libro y después de esto ¡¡tendré que leerlo!
Ronroneos para todos los felinos!!

La Gatera dijo...

Y es que la lectura compartida con un gato es algo mágico, ¿no?

Saludetes gatunos y gracias por el apunte literario: lo tendremos en cuenta.

Angie dijo...

¡Hola gatitos! Soís adorables, no os olvideís de tomar vuestra malta, vale? Besitos desde Barcelona.

Luisacov dijo...

Hola Chema y compañía felina.

Me ha encantado el artículo y el párrafo, si tengo oportunidad lo leeré. Tienes razón, hay libros que se cosen a tu corazón y los llevas contigo como un pequeño tesoro. Yo recuerdo algunos con especial cariño porque me tocaron el corazón, uno fue "Mi planta de naranja-lima" de Jose Mauro de Vasconcelos. Un libro que, através de la mirada de un niño, cuenta la triste realidad de un niño pobre en Brasil.

Un abrazo para todos
Luisa