Sueña mi galga

Sueña mi galga
sueños veloces:
hasta el viento alcanza

La voz de los colores

Todo a nuestro alrededor muestra su amor y su vitalidad. Me recluí buscando la Naturaleza y el silencio, pero su silencio estaba lleno de sonidos. Creía que, en ese silencio que luego resultó que no era tal, sería más sencillo trabajar la sensibilidad hacia los colores, descubrir sus esencias más puras, contemplar el momento exacto en el que el verde pasa al amarillo, o el azul cielo se convierte en azul montaña. Pero no todo es tan sencillo: hasta los colores suenan.
¿El color es una vibración de la luz? ¿Los colores también emiten en una determinada frecuencia?
Unos colores y otros nos llegan al alma, y allí nos hablan, nos provocan, nos calman, nos emocionan, nos hacen temblar o nos llevan a cantar... Estoy percibiendo las palabras de los bosques de carrascas, del lago, del río, del huerto junto al chopo, de las montañas... pero también estoy trabajando para percibir las vibraciones de los colores que me rodean, estoy convencido de que también los colores de la Naturaleza nos tienen que hablar, sin verlos.
Vivo rodeado de verde y azul, de dorado y ocre, igual que vivo rodeado del sonido del cierzo, de los pitirroyos, de las cardelinas, del roce de las hojas de las carrascas, de las choperas... la luz que produce los colores también hace vibrar nuestro cuerpo, de alguna manera ...
¿No es raro que un ilustrador cierre los ojos para "ver" los colores?

(Gracias a Eva Julián. www.soundandlife.com)

Quiero


"Quiero sentarme al sol, en el umbral de mi puerta, y escuchar el silencio ...

Quiero meditar, leer algunos libros, dibujar gatos y brujas, y subir las colinas que están detrás de mi casa para contemplar el lago en los días claros. Y pasar el rato sentado, nada más ...

El viento suele amainar al caer la tarde, los colores desaparecen de la hierba y hay un momento de silencio casi perfecto ...

Quiero observar las raposas, los jabalíes que aparecen de vez en cuando, la primera golondrina, el momento en que la hierba pase del verde al dorado.

Quiero sentarme de noche y contar las 4.500 estrellas visibles.

Quiero disponer de tiempo en abundancia para todas estas cosas, dar al silencio la oportunidad de trabajar conmigo y en mí"

(Adaptado -las palabras en cursiva- de "Viaje al silencio" pp. 353-355, Sara Maitland. Trad. Catalina Martínez Muños. Alba Editorial. Barcelona. 2010)

A una gata negra

"Es elegante. Tiene el perfil noblemente curvado, como los gatos de las tumbas. Cuando se sienta enderezada, con las patas puestas de lado, mirando, o se agazapa, con los ojos semivelados, se la ve calma, remota, absorta en un desconocido rincón de su espacio interior. En estos momentos resulta sombría, inspira temor. Y es negra, negra, negra. Relucientes bigotes negros, pestañas negras, ni un solo pelo blanco en todo el cuerpo. Si quien diseñó la gata gris fue un genio de la sutileza, de los pequeños detalles, el de la gata negra da la impresión de haber afirmado: Crearé un gato negro, la quintaesencia del gato negro, del gato de Ultratumba".


Doris Lessing. "Gatos muy distinguidos". Barcelona, 1986. Editorial Laia. Página 59

El dibujo es un apunte al natural en la libreta.

20 de marzo, Día sin carne

Ell@s son mis amig@s,
y yo no me como a mis amig@s

La luna llena de hoy


A veces se asoma la luna
por entre las nubes,
blanca y redonda como un beso,
traviesa como un duende.

Como un suspiro
va y viene.

******
Esta es la luna llena de esta noche, la luna que parirá la primavera. L@s perr@s ladran y aúllan. L@s gat@s van de aquí para allá, inquietos, dan saltos inverosímiles, se encaraman a las tapias, maullan y parecen cantar.

Pintando

Hay que ir despertando ya a las flores...

Abrazos


Un abrazo para recibir,
para abarcar almas,
para acoger sentimientos.

Abrazos para acercar,
para decir adiós,
para renovar caminos.

Abrazos para los perr@s,
para los cuellos de los caballos y de los burr@s,
abrazos pequeños para los gat@s.

Un abrazo para tí,
para quien es igual a mí,
y también diferente.

Un abrazo es un lazo
que nunca ata.

Carta del perro desde la naturaleza


Queridas gatas y gatos de la casa en el aire:

Aún con el grato recuerdo del calor del hogar junto a vosotros, os quiero contar lo que me estoy encontrando estos días durante mis correrías por el monte.

Todo lo que me rodea parece estar a punto de cambiar, se siente alrededor una especie de tensión contenida, como si fueras a parpadear y, al abrir los ojos, te encontraras en un mundo diferente. Parece que el mundo está en un tris de despertarse. Esto sí que es el anuncio de un nuevo año, y no aquellos días oscuros y fríos en los que los humanos lo celebraron.

Ahora, todo a mi alrededor parece nuevo. Si miro hacia el cielo, atraído por un sonido que me pareció al principio el ladrido de un millón de perros, veo cientos de grullas graznando, surcan el cielo dibujando figuras con trazos cambiantes y negros.

¡Y qué contaros de los olores! Aquí y allí, en las márgenes de los caminos y en las colinas, me encuentro con la flor blanca de las almendreras, son como besos redondos, alegres, brillantes, radiantes y luminosos en el paisaje verde. Y en su entorno no puedo captar ningún otro olor, tan intenso es su aroma.

Junto al río que baja riéndose, los sauces empiezan a llorar sus lágrimas verdes. Pero son lágrimas de alegría, porque el sol vuelve a brillar intensamente.


Es la naturaleza, amigas y amigos, que canta, ladra y silba, al principio en voz bajita, pero cada vez más fuerte, y os puedo asegurar que casi siento bajo las patas cómo tiemblan las raíces con renovado afán de hacer crecer árboles y plantas. Os lo cuento a vosotros, queridas gatas y gatos, porque me temo que la mayor parte de los humanos no sabría de qué estamos hablando, de este tiempo que se renueva a sí mismo, como siempre, en el ciclo de la naturaleza; ¡qué lástima que ellos se lo pierdan dentro de los pisos, las oficinas y los centros comerciales, bajo las sombras de los edificios que ocultan hasta el cielo!

En fin, nosotros, a lo nuestro, que para eso somos animales no humanos.
Con mis mejores deseos, vuestro amigo

el perro.

Pintando

Cocinamos sin crueldad II. Pimiento rojo pasión.

L@s gat@s y yo seguimos cocinando sin crueldad, recetas en las que no se hace sufrir ni se explota a ningun animal no humano. Nos sumamos al proyecto colectivo de CSC en internet. La propuesta de este mes, de sika de New vegan goddess , no sé por qué ;) es cocinar algo con un elemento rojo. Yo creo que de lo que se trata es de cocinar algo con amor, con corazón grande, como el de los que aman a los animales.

Pimiento "rojo pasión"

Ingredientes:

Pimientos rojos grandes

Pimientos verdes

Cebollas

Ajo

Perejil

Orégano

Sal

Opcional: tomate triturado natural


Esta es una receta de las antiguas, en las que el tiempo es el principal ingrediente, aliado con el fuego rojo y la vida sencilla.

Se disponen los pimientos rojos grandes, dos o tres, en una cazuela de barro. Se les echa un chorro de aceite de oliva y un poco de sal. Se ponen a fuego lento. Nosotros lo hacemos en la estufa de leña, mientras los gat@s dormitan al lado.

Se cortan a tiras los pimientos verdes y la cebolla. Se pelan unos ajos y se echa todo en otra cazuela llana de barro con una pizca de sal y un chorro de aceite de oliva. Opcionalmente se puede sofreir con tomate triturado natural (esta vez no lo hemos hecho así).
Se pone a fuego lento en la estufa de leña si es posible, o en otra fuente de calor, hasta que se hagan bien.

Se deja asar el tiempo necesario, cuidando que no se quemen los pimientos rojos y que vayan soltando su jugo. De vez en cuando se les da la vuelta. No puedo dar un tiempo exacto, sobre una hora o así, pero sin prisas, hasta que veamos que los pimientos están blandos y el color se ha rebajado.
Se sacan del fuego y se pelan con cuidado de no romperlos. Primero se les quita el tallo tirando, y con una cuchara se limpia el interior sacando las pepitas.


Cuando el sofrito de pimiento verde y cebolla está hecho y jugoso, se coge a cucharadas y se rellena el interior del pimiento rojo ya pelado, muy delicadamente para no romperlo y que conserve su forma de corazón..
Se espolvorea orégano seco y perejil por encima y se sirve caliente.

No sé por qué extraña razón el olor a pimiento asado siempre lo relaciono con una cena al calor del fuego, y una cama calentita, con dos o tres edredones por encima...

Al lado del fuego

Aunque afuera el tiempo es bueno, en el estudio aún hace mucho frío. Por eso dibujo al lado del fuego. Me gusta escuchar cómo crepita la leña al arder. Es un susurro parecido al que se oye cuando el lápiz rasga el papel, o cuando se pasa un pincel ancho sobre la superficie seca.
Fadagris dormita detrás de mí.

Imbolc, en el vientre de la tierra


Imbolc es una palabra antigua que significa "en el ombligo", "en el melico" o "en el vientre". Muchos años atrás celebraban una fiesta cada vez que el sol llegaba al punto central entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primaveral. El sol, en su camino, comienza una nueva etapa. Ha pasado la época en la que ha dormido, en la que hemos pensado que se olvidaba de nosotros. Los celtas celebraban una fiesta, la fiesta del sol, un nuevo año solar.

Desde el uno de febrero y hasta la luna llena, es tiempo de renacer, de despertar. Bajo el silencio de la tierra, bajo el hielo o la nieve, las raíces de los árboles comienzan a desperezarse. El sol, tímidamente al principio, cada vez con más fuerza, aunque quizá los human@s no seamos capaces de notarlo, va poco a poco calentando las semillas que cayeron de los árboles allá por el otoño, y quedaron dormidas bajo la tierra.

Algunas personas especialmente sensibles, es posible que se sientan removidas por dentro estos días. Nuestros cuerpos están conectados a la naturaleza, y deberíamos compartir con ella esas nuevas sensaciones. Es tiempo de encender velas y ponerlas en las ventanas, para que el sol no se olvide de volver a brillar. Por eso los cristianos celebran la Candelaria, y encienden las candelas. Y por eso Santa Brígida sustituyó a la diosa celta Brighid, diosa triple, como la luna. Os pongo un dibujo mío de ella:

Es tiempo de reconocer que, pase lo pase, siempre hay un disco de luz esperando detrás de las nubes, detrás de la boira, y llegará el día en que brillará con fuerza.

Hay otro nombre con el que se conocía esta fiesta entre los celtas: Oimelc, que significa “leche de ovejas”. Y ello me lleva a pensar que el nombre de "melico" o "melic" que se da en aragonés o en catalán al ombligo, tiene mucho que ver con estas tradiciones.

Enlace a un artículo de Chema Lera publicado en E.L.F.O.S.

Cocinando sin crueldad


Mis amig@s sabéis que no como nada que provenga de la muerte, la explotación, el dolor o el sufrimiento de los animales no humanos. Para mí, una gata como Gata Bru o Fadagris tiene la misma dignidad y los mismos derechos que una vaca, y un perro significa lo mismo que un cordero o que un cerdo.

Tod@s ell@s son animales como yo, tod@s somos seres sintientes capaces de experimentar dolor y también capaces de gozar y ser felices. Si yo no me comería a mi perro o a mi gata, ¿por qué iba a comerme a ningún otro animal no humano como ell@s?

Cuando surgió el proyecto "Cocinamos sin crueldad" y Erinna pidió colaboración, no lo dudé. Nos pidió que todos los que creemos que se puede vivir en paz y armonía entre todos los seres sintientes, animales humanos y no humanos, lo demostremos contando lo que comemos. Es decir, que sumemos recetas de comidas realizadas sin crueldad, sin sufrimiento, sin mataderos, sin explotación de animales no humanos.

Así que aquí estoy para contaros algo de lo que los gatos y yo no solemos hablar en este blog. En esta ocasión se trata de recetas con zanahoria, cocinadas sin crueldad:

Estofado de zanahoria al romero.


Ingredientes:

Cuatro zanahorias.

Una rama de romero.

Dos cebollas.

Dos hojas de laurel.

Semillas de sésamo.

Aceite de oliva.

Sal.

Perejil seco.

Se cortan las cebollas en láminas finas y se echan en una sartén con un chorro de aceite de oliva. Se ponen a rehogar.

Se cortan las zanahorias en tiras delgadas.

Se echan junto con el sofrito de cebolla, las zanahorias, una rama de romero, dos hojas de laurel y un cucharada de semillas de sésamo. Se añade un poco de agua y se pone a cocer unos minutos, mezclando bien.

Se añade sal al gusto y se tapa la olla, dejándola cocer a fuego lento durante quince minutos o así.

Se retira, se espolvorea el perejil seco y se sirve caliente.

La cocina se queda impregnada de un evocador aroma a paseos por el monte al amanecer, mientras hacemos esta comida imaginamos animales libres, corriendo de mata en mata, retozando felices al sol...

Como el agua



Que seas feliz sin desearlo,

que halles la paz sin buscarla,

que hagas locuras sin pensarlo,

que tengas amor sin reclamarlo.












Ilustración publicada en la revista La Magia de Viajar

Toza de Nabidá (Tronca de Navidad)

La Toza o Tronca de Nabidá es un recuerdo de la celebración pagana del solsticio de Invierno que se conserva en Huesca (Uesca). La Toza se convierte en un espíritu, en una pequeña diosa capaz de atraer de nuevo al sol -al dios sol- en su retorno al final de las noches largas y frías.

Esta antigua costumbre nos une a todos nuestros antepasados mediante el rito de encender la nueva Toza de carrasca utilizando el calibo que se conserva del año anterior.

Mientras la Toza arde, la Nueigüena se consume y amanece el nuevo sol con fuerza regenerada para fertilizar campos y bosques.

Me gustan estas viejas historias. Es lo poco que queda de auténtico en estas fechas. Hoy le he dado un rostro a la Toza. Mirad:

Vivir en paz

Los gat@s, los perros y yo no celebramos la Navidad. Hace tiempo sabemos que los días y las noches no tienen nombre propio.

Porque a ver, ¿quién tiene derecho a bautizar un determinado día del año (Navidad), o una noche (Noche Buena, Noche Vieja), o una semana (Navidades, Semana Santa), o meses (Pascua, Ramadán), o incluso ¡un año entero! (Año Santo Compostelano)?

¿Quién está autorizado a imponernos cómo tenemos que vivir durante un tiempo de nuestra vida?

¿Quién está detrás de esta gran campaña publicitaria, hipócrita y consumista?

¿Quién cuenta con el permiso para partir el año en dos?

Pero, ¿de verdad creemos que alguien puede obligarnos a contemplar esas ridículas imágenes de papás noeles colgados,
... a talar cientos de abetos, malgastar kilos de papel de envoltorio y arrojar toneladas de basura extra, a oir canciones de letras insulsas, a aguantar la borrachera del pariente,
... a gastar en un mes el mismo dinero que alguien gana en todo un año
... o a consentir una matanza sin piedad de cientos de animales no humanos, muchos de ellos recién nacidos, para llenar las colmadas barrigas de la mitad de la humanidad mientras sonríe bobaliconamente delante de la televisión?

Nada, que nos negamos a celebrar cosas así.

Que nos dejen, de verdad, vivir en paz.

¿El tiempo pasa?

A veces no es tan dificil experimentar el paso del tiempo.

Me doy cuenta de cómo cambia cuando bebo una taza de te verde con jazmín. Las flores del verano se han secado ya.

O cuando empiezo una nueva libreta de dibujos. La última es pequeña y tiene las tapas rojas.

Abuela Gata me mira con sus enormes ojos azul cielo. Me dice que lo màs importante en este momento es que me siente en la mecedora, junto a la estufa de leña.

Ella, entonces, como ha hecho cada día de invierno desde hace no sé cuántos años, se subirá a mis piernas, se acurrucará, se dejará acariciar, y ronroneará un rato antes de dormirse.

Su último escondite

Asomaban las dos patas blancas y la punta de la cola, por debajo de la cortina. La cortina era en realidad la funda de un almohadón colgada en la puerta de la casita donde vivía, como una cortina para protegerla del viento. El cierzo se cuela por encima de la tapia del huerto, choca contra el muro cubierto de hiedra y, de rebote, hace un remolino en torno al viejo alberjero. Es entonces cuando trata de meterse dentro de la casa verde. Boira llevaba varios días allí dentro. Se asomaba un poco a la entrada, para retozar al sol, y volvía a esconderse. Pero no me extrañó demasiado. Era bastante solitaria.

Cuando ví sus patas y el extremo de su cola, esa cola que tanto recordaba la de un visón, pensé que dormiría. La llamé varias veces. Las demás gatas y gatos estaban ya comiendo. Era raro, demasiado raro, que ella no saliera, aunque a veces, cuando estaba enfadada con Culibilla, le poníamos su comida aparte, para que no riñeran.

Cuando mi mano se acercaba lentamente para tocarla, yo ya sabía que estaba muerta. Es muy dificil, por no decir imposible, coger la zarpa de un gato sin recibir un arañazo. Boira no se movió.

Levanté la cortina para verla. Su postura era la de una gatita dormida, plácida, feliz. Ni un gesto de sufrimiento. No tenía la cara como su hermano cuando encontramos su cuerpo en posición de correr, en medio del campo.

Esa postura suya me ayudó a sobrellevar los siguientes minutos en los que me enfrenté al rito de enterrarla bajo el rosal, justo allí donde había nacido, allí donde jugó, desde donde subía a la tapia para pasear por los tejados, muy cerca del tronco nudoso de la parra a la que con tanta facilidad trepaba.

Me acompañaron su hermano Baco y Zipi II. Miraban mientras yo lloraba y cavaba un hoyo que fuera cómodo para acoger su cuerpo tal y como nos lo había dejado. La acaricié varias veces, culpándome por todas las ocasiones en las que no lo hice, aunque nunca se acaricia lo suficiente a una gata cariñosa. La tapé con una tela morada de Isamar, que habíamos usado para pintar. A Boira le gustaba mucho subirse a la mesa mientras dibujaba. Pusé encima un ramo de hiedra, porque en verano, en las horas de más calor, Boira desaparecía bajo el follaje, oculta como una pequeña "fada". Creo que, en realidad, siempre jugaba a esconderse.

Eché la tierra encima e hice un círculo de piedras.

En ese momento apareció detrás de mí una gatita siamesa con la cola retorcida y los ojos azules. Creí en la magia, una vez más. Boira también tenía los ojos azules.

Boira, la pequeña y blanca Boira, ahora sigue durmiendo escondida bajo la tierra oscura, en ese rincón del huerto en donde el sol calienta durante más rato.

Mientras, otra gata que aún no tiene nombre, corretea por encima.

¿Y si empezáramos el mundo de nuevo?

Metta Sutta (Sutra de la felicidad)

"Que toda persona se esfuerce
por ser recta y sincera, sin orgullo
y que esté satisfecha con facilidad y jubilosa;
Que no se pierda en los asuntos del mundo.
Que no se abrume con riquezas;
Que sus sentidos estén controlados;
Que sea sabia, pero sin vanidad;
Que no desee grandes posesiones,
aun para su propia familia;
Que no haga nada que sea vil
O que los sabios reprueben.

Que todos los seres estén felices y vivan sin peligro
Todos los seres vivientes, aunque sean débiles o fuertes,
de los reinos bajos, medianos o altos,
Sean pequeños o grandes, visibles o invisibles,
estén cercanos o lejanos, nacidos o por nacer;
Que todos los seres sean felices y vivan sin peligro.

Que nadie engañe ni desprecie a otro en cualquier estado;
que ninguno desee dañar a otro por coraje,
o cualquier motivo.
Así como una madre con su propia vida
protege a su hijo
de la misma manera, con una mente ilimitada
debería uno apreciar a todos los seres,
radiando bondad por todos lados,
arriba, abajo, y todo alrededor, sin límites,
de modo que uno cultive un infinito amor bondadoso
hacia todo el mundo.

Parado, caminando, sentado o acostado,
durante todas las horas que uno esté despierto,
uno debería de cultivar el pensamiento,
que ésta es la manera de vivir en la morada
sublime de este mundo.

Abandonando las discusiones vanas,
con la visión clara,
liberada del apetito de los sentidos,
aquel con corazón puro nunca más
renacerá en el ciclo de la creación del sufrimiento
de nosotros o de otros."

--Buda--


Aqueras montañas
tan alteras son,
no me dixan bier
os mios aimors.

Aqueras montañas
cuán se’n baxarán
y os mios aimors
aparixerán.

Dezaga d’ixas boiras
os n’íré a escar
y crebando as mugas
con yo entornarán.

Si canto, yo que canto,
no canto ta yo,
canto t’al Agüelo
que ye en ixos mons.

............

Mi humilde homenaje a José Antonio Labordeta.
Gracias por haberte conocido,
por haberte escuchado,
por haberme dado la oportunidad de ilustrar un pequeño relato tuyo.
Adiós, agüelo.

Cuando una gata lee


A veces se lee un libro como quien entra en un sueño, se despierta, y tiene la sensación de que solo han pasado unos segundos. Sin embargo, en la memoria se desperezan ciento una imágenes maravillosas del sueño terminado. ¿Cómo he podido vivir tanto en tan poco tiempo?

Me sucedió con El Consuelo, de Anna Gavalda. Lo leí este verano en un fin de semana.

Quizá porque uno de los escenarios en los que transcurre se parece mucho a mi propio hogar.

Quizá porque las personas que aparecen se relacionan con los animales no humanos dentro de un fantástico paraíso de amor, respeto y libertad.

Quizá porque hay tanta diversidad como en la misma vida, tanta desesperanza y tantas posibilidades de recomenzar.

Quizá porque los personajes tratan a la muerte de tú a tú, a los ancian@s como seres todavía "útiles" en las relaciones humanas, y a los niñ@s y jóvenes como personas "completas".

Quizá porque cuando uno ya no busca nada, ya está de vuelta de todo, entoces va, y encuentra.

No suelo comentar libros en este blog. Pero no sé por qué, me apetecía contaros algo sobre éste. Lo único que no me gusta es el título, porque hace referencia a una palabra francesa que designa a una partida de cartas que va después de la de la "revancha", una partida que se juega por jugar, sin ganadores ni perdedores. La traducción se aproximaría más a la consolante, o a la consoladora, pero claro, no suena bien en castellano.

Mi gata Fadagris me acompañó durante muchas horas de lectura, y a ella le gustaron especialmente ests párrafos:

"Cuatro minúsculos gatitos escondidos debajo de un coche muy viejo... Los niños se volvieron locos con ellos. Le preguntaron si los podían coger en brazos, y nos fuimos todos a jugar en el césped que había detrás de la casa.
Mientras se diverían con los animalitos como si fueran golosinas, el viejo y yo nos sentamos en un banco. El hombre tenía al perro en su regazo mientras se liaba un cigarrillo. Sonreía mirándolos y me felicitó: yo también tenía una camada bien maja... Me eché a llorar al instante. Tenía un montón de sueño atrasado, no había hablado con un adulto amable desde... Ellen, así que se lo conté todo.
(...)
Ese señor René, con sus gallinas, sus vacas, el viejo caballo que le habían encargado que cuidara, su perrito y su caos enorme se convirtió en nuestra nueva familia. Por primera vez, me sentía bien. Protegida. Tenía la impresión de que nada malo podía aguardarnos detrás de esas tapias, que el resto del mundo estaba al otro lado del foso…"págs.402-403.

Un mundo más lento

Hay lugares llenos de calma, lugares en los que la lentitud parece modificar el tiempo.
Allí, los autobuses nunca salen hasta que todos los asientos están ocupados,
sus habitantes se mueven tan sólo para no perder la sombra de su árbol,
las cenas se preparan justo cuando el último rayo de sol ha desaparecido tras la colina
y nadie se acuesta hasta que la última de las sabias ancianas ha contado la última de sus sabias historias bajo el farol rodeado de mariposas nocturnas.

Hay lugares en los que incluso el agua del río parece discurrir más despacio, dibujando caminos inesperados en sus reflejos.

Carta de una gata feliz


En el viejo huerto donde vivo encuentro todo lo que deseo: fresca hierba donde tumbarme, mientras el sol me calienta, el tronco de la figuera, rugoso, viejo y gris, como una anciana que me acoge, me acuna, me proporciona escondite y me aúpa hacia el mundo de los tejados, el tronco del alberjero, mi amigo con quien ya jugué de chiquitina, y donde ahora trepo para llegar a la tapia, los divertidos troncos de la vieja parra, un laberinto amarrado a las piedras del tapial, un mundo de senderos verticales de cálida madera y fresca sombra de las hojas de la vid. Y siempre estoy arrullada por el ronroneo particular de los insectos alados, que compiten con nosotr@s en sonidos de calma acunando el aire cálido del mediodia...

Taller de lectura

Doy un taller de lectura en la biblioteca María Moliner de Zaragoza este jueves. La imagen es una ilustración mía que Belén, de la biblioteca de Biescas, colocó en la sala de lectura. La fotografía me la mandó Blanca bk. La ilustración fue portada del suplemento Artes&Letras de Heraldo de Aragón.

Nuevo libro

Con ayuda del Maestro Silbanus, terminamos la ilustración para el libro "27 palabricas". El cómo se hizo puede verse en la mesa de dibujo de Chema Lera.

Para celebrarlo cambiamos el fondo del blog Gatoporlibre y ponemos esta maravilla que ha hecho aparecer la varita mágica de la fada amiga Luisa Covelo. ¡Mil gracias por el regalo!

Curioseando la mesa de dibujo

¡Qué revuelta está la mesa de dibujo!

Cuentos para vivir

"Todos los grandes cuentos que existen nos dicen que la vida es un don maravilloso que debemos conservar y cuidar. Todos nos dicen que debemos estar agradecidos, que debemos dar las gracias porque existen los ríos, los perros, las canciones y los niños.
Todo eso es sagrado y nadie tiene derecho a ultrajarlo. Algunas gentes, no es posible saber por qué, están enemistadas con las mejores cosas de la vida. Por eso es importante contar cuentos a los niños, para que cuando sean mayores no sean como ellos".

Gustavo Martín Garzo. "Lecturas para regresar al mundo real". En NT, Marzo-Abril 2010, nº 661

En la imagen, mi cuento de "Dora soñadora" muy bien arropado en un escaparate. Por las noches, cuando se apagan las luces de neón detrás del cristal, con susurros de hojas de papel, los cuentos de los escaparates juegan a cambiarse de sitio y a contarse a sí mismos...

Un dibujo de gato de Philip Giordano

Philip Giordano es el ganador del Premio de Ilustración de la Fundación SM en la Feria de Bolonia.

(Edito la entrada y cambio el dibujo porque el anterior ha desparecido)

Primer día de primavera

Boira. Blanco de primavera 2010.

Fadita verde

Un hada para Tanakil, buscadora de hadas dibuj-hadas!
Esta Fada (=hada en aragonés) la encontré sobrevolando el "pan de rana" en un pequeño recodo del río con agua estancada... Cada vez que se posaba sobre las algas, aparecía una flor de nenúfar, el aire se llenaba de perfume con sabor a limón y se escuchaban risas como gotas de agua...

Detrás de la ventana

Las tapas de un libro ilustrado son ventanas hacia afuera, abiertas al color, a la imaginación, al mundo de los sueños, al cielo de los niñ@s.
Las ventanas del estudio del ilustrador son tapas de un libro cerrado que se va escribiendo día a día, hora a hora, pincelada a pincelada, en el silencio de papel blanco.
Detrás de esta ventana donde se ha subido el gato Baco está la mesa de dibujo del ilustrador. Si queréis echar un vistazo detrás de los cristales, estáis invitadas (e invitados).

Risas de estrellas

Estoy preparando historias, cuentos y leyendas nuevas. Bueno, en realidad nunca son nuevas, sino que vuelven a ser contadas de forma diferente. Sin embargo, a veces pienso que existen infinitas historias dormidas, ocultas, ignoradas. Hay que imaginar nuevos lugares donde buscarlas.

Cada vez que miro al cielo por la noche, una nueva estrella parece reirse de mí. Porque las estrellas, sabéis, se burlan de los pobres humanos. Los humanos, piensan ellas, son tan ignorantes que, cuando llega la hora mágica de las luciérnagas, se cierran bajo llaves, ponen techos sobre sus cabezas, y encienden luces. Son tan simples que huyen por calles asfixiantes de brillos de neón y farolas en fila india. Tan absurdos que se hunden bajo sábanas y cierran sus ojos hasta que pasa el tiempo maravilloso.

Mi amigo el perro y yo hemos aprendido de los sabios gatos a reconocer cuando comienza el momento especial del día, y resulta que ese momento es... la noche. La luna, cada noche, se oculta una rodaja más, y, a cambio, nos regala cientos, miles, millones de estrellas nuevas. Ni todos los humanos, ni todas sus vidas juntas alcanzarían para contemplarlas a todas.

Están ahí, siempre, esperando. Eso sí, alejadas de las ciudades. Encaramadas a lo alto de montes invisibles y mares infinitos. Cada estrella encierra su misterio, cada una cuenta su leyenda, a su manera. Solo hay que pararse, contemplar, escuchar y ... trasnochar.

Son mis estrellas, rielan sobre la Casa del Aire, nunca podré cansarme de mirar hacia el cielo. Sé que bajo el azul oscuro se ocultan miles de historias por descubrir.

La primera ilustración pertenece a una de las guardas del libro "Dora soñadora". La segunda, inédita, es un acrílico sobre piedra.