El tiempo

Hemos dejado de dar cuerda al reloj de pared. El sonido de su maquinaria nos hacía compañía en el silencio de la sala. Pero ya no. En estos momentos, a punto de terminar el último dibujo del libro, cada tic es un recordatorio de que se va a acabar el tiempo, y cada tac un aviso de que ya se ha acabado un poco.
Tiempo. El verano será tiempo, tiempo en estado puro, tiempo dorado entre los dedos, oro en el cedazo del buscador de horas.
Habrá tiempo de verano para la tierra del huerto, para la flor amarilla de los calabacines, para el olor de la albahaca, para el aire en la cara yendo en bicicleta, para las recetas guardadas, para dormir siestas entre vuelos de avispas y moscas, para escuchar historias y para contarlas, a ser posible, bajo las estrellas fugaces. Cuando terminemos los dibujos… ya llegará ese tiempo.
Y entonces podremos leer libros, como dice Nerea; leeremos, por fin, la Rueda del Tiempo, por ejemplo.

Mon@s, gat@s y diosxs




Dibujando con modelo


Gata Bru


Me ha costado mucho poner este dibujo y actualizar Gato por libre, pero mañana hubiera sido su cumpleaños. Gata Bru, doña Gata Bru la de los tres colores, seguirá siempre contándonos cosas, pero ahora lo hará desde su propio estudio, un luminoso y altísimo estudio situado en el ático más alto del universo, allí donde el azul desvela su misterio, justo debajo del tejado del cielo de los gatos, donde Morfeo y sus hermanos Zipi e India la estaban esperando.
Desde allí sigue cantando y parloteando, ¿no la oís?, retoza bajo el cercano sol y corre, vuela tras los luminosos hilos que dejan las estrellas viajeras...

Gata despierta y gato dormido

Seguimos dibujando el nuevo álbum infantil, bocetos y bocetos... menos mal que abundan los modelos cerca!

Más allá de los dibujos



... se sueña en silencio...
...silencio, se sueña...
Había una vez un sueño...

¿Ya se terminó el cuento?

Trabajando en un nuevo proyecto

Os dejamos husmear un poco en las nuevas ilustraciones que hemos comenzado...

Me gusta este libro


Mi gata y yo os presentamos nuestro nuevo libro: el Bestiario Ilustrado de Aragón.


Más allá de los dibujos

... se halla la verdadera fantasía.

Desayuno de colores


Con los penosos tiempos que corren, nada mejor que un divertido y saludable desayuno de colores para la vuelta. A nuestro amigo gato Di le encanta probarlo todo, desde las flores hasta las galletas de chocolate. Hoy nos hemos preparado un plato de ensalada de canónigos (que también tienen un nombre gracioso), tomate cherry, nueces, queso, aceite de oliva de la Plana de Uesca, zumo de pomelo y té rojo chino Pu Erh al que le añadimos unas peladuras de mandarina previamente zampadas para endulzarlo. Un dibujo para comer hecho con colores rojo, verde brillante, naranja y amarillo.
Salud!

Gatos en el estudio


A veces el ilustrador tiene dificil comenzar a dibujar, no por el temor ante el papel en blanco, sino porque a los gatos nos encanta dormitar sobre los pliegos recién humedecidos y pegaditos sobre el panel, al ladito de la ventana del estudio por la que el sol invernal entra contagiándonos su pereza... Así ocurría cuando estaba dibujando el Bestiario Ilustrado.


Nos gusta este libro

Tercera Edición del Breve Inventario de Seres Mitológicos, Fantásticos y Misteriosos de Aragón, en el que sale la palabra Gato -todo lo que sufrieron los pobrecicos en esa época en que fueron identificados con la brujería- con la nueva acepción de "Gatos calabaceros".

El gato en el dibujo completo


Aquí aparece el gato que adelantamos hace días dentro de la ilustración completa que ha sido portada de la revista De Libros.

Gatos e ilustradores aragoneses 2

Como se recoge en el blog Ilustratessen, en muy poco tiempo terminé mi dibujo para el proyecto del libro viajero de ilustradores aragoneses y ya pasé el testigo a Ana Lartitegui (con quien hablamos un rato de ilustración, claro, pero también de gatos y de gatas, porque como Ana dijo, prácticamente todos los ilustradores tenemos un gato). Uno de los míos, Roldán, certificó que había terminado la ilustración. Antes, él mismo supervisó y aprobó el boceto, como se puede ver en esta otra foto:

Gatos e ilustradores aragoneses


Os presento a Diaple, gato negro, ojos de miles de verdes en forma de estrella, pelo abundante y fuerte personalidad. El fue el encargado de supervisar la llegada del Ilustratessen, un libro de hojas blancas que está siendo ilustrado por 41 ilustradores aragoneses. Por fin llegó a mis manos, después de las dificultades fundamentalmente veraniegas, supongo, para hacer el intercambio en Huesca desde Peñíscola, nada menos, pasando por Monzón. Conmigo el libro viajero abandonará Huesca para ir en busca de los ilustradores maños, empezando por Ana Lartitegui.

Piropos felinos


Ya hemos terminado 0tra ilustración en la que aparece un gato rojo como mis hermanos Zipi y Tonsu. Bueno, y ahora también como mis sobrinos Culibilla y Sherkán (nombre provisional). Para celebrarlo, esta cita de Doris Lessing, que quizá aún se queda un poquito corta para lo que nos merecemos:

Booniiitooo gato! ¡Delicioso gato! ¡Exquisito gato! ¡Gato de satén! ¡Gato suave como una lechuza, gato con patas de mariposa nocturna, gato enjoyado, milagro de gato! Gato, gato, gato, gato."

(Doris Lessing. "Gatos muy distinguidos". Barcelona, 1986. Editorial Laia. Página 49)

El mundo de los tejados y una vieja leyenda de una gata


Cuando un gatito se va, no muere, trepa -juega que te juega- hasta los tejados azules, los más altos del universo, situados justo al lado de la luna, y allí se encuentra con los que ya han llegado, y muchos de ellos maullan en recuerdo de sus humanos que los quisieron.
Hice este dibujo desde el balcón. Se trata de una gatita tricolor vecina nuestra, por eso os voy a contar, con mis palabras, una vieja leyenda tibetana.
Tanto el dibujo como la historia están dedicados a Viky y a Coty, que tienen unos enormes corazones y ahora están tristes.
UNA LEYENDA TIBETANA
Hace mucho tiempo, en un monasterio del Tibet, una comunidad de monjes discutía sin cesar acerca de cuestiones religiosas y teológicas: no se ponían de acuerdo sobre el sentido de la muerte, ni sobre el cometido de la humanidad, ni acerca del porqué los hombres seguían rezando a los dioses en medio de tantas calamidades como existían en el mundo, fuera de aquellos muros donde debería haber reinado la paz y la serenidad. Parecían no escucharse, tan sólo hablaban y hablaban exponiendo sus razones, convencidos de ser los únicos poseedores de la verdad, enfrentados unos contra otros.
El más anciano de ellos creyó que había llegado el momento de la meditación. Pidió que iniciaran un ayuno de tres días con el fin de apaciguar los espíritus y conducirlos hacia la unión de las mentes y las personas. Al cabo de este tiempo, tras la puerta del monasterio, encontraron un cesto toscamente tejido.
Bajo unas ropas algo se removía. Lo llevaron dentro. Se trataba de una gata, una gata menuda con el pelaje tricolor, que amamantaba a dos gatitas. Al ver a aquellos hombres vestidos con túnicas en torno a ella, tan sólo abrió aún más los ojos redondos y verdes, algo temerosa, pero sin dejar de amamantar a sus hijas.
Fué acomodada en una cálida estancia del interior y todos pensaron que era una señal. Desde la llegada de la pequeña familia, los monjes no cesaban de hablar entre ellos, alabando la dedicación maternal de aquel pequeño ser, comentando la belleza y la perfección de los seres de la naturaleza, coincidiendo en valorar lo atinado del instinto maternal de la gata. Quedaron tan impresionados por los cuidados que procuraba a sus pequeños, que olvidaron sus discusiones y sólo tenían palabras para las bondades de su gata tricolor. Por eso, a instancias del anciano monje, decidieron dedicar otros tres día a meditar sobre tan oportuno hallazgo, que parecía señalar el camino para el regreso de la concordia.
Pasó el tiempo acordado y el más joven de los monjes, casi un recién llegado, se presentó ante el maestro.
-Creo que he hallado el secreto de esta familia de gatos- le dijo, no sin cierta timidez.
El anciano contempló un momento en silencio al joven. Pensó que quizá se habría dejado llevar por su ímpetu juvenil y su inexperiencia. Extendió las manos hacia él y con una breve sonrisa le respondió:
-¿Vas a decírmelo?¿Me contarás cuál es la razón por la que todos nos hemos serenado?
Y animado por la actitud del maestro, el joven contestó con convicción y le contó el conocimiento al que había llegado al término de su meditar:
-La madre gata tiene tres colores. Dos de ellos son el negro y el blanco, el ying y el yang, son los opuestos, somos nosotros y nuestros contrarios. Pero existe un tercer color que los une: es el color de la tierra, naranja y ocre, el de los caminos y las montañas, el del adobe de las casas y el de los tejados, el del barro y la madera. Así podemos nosotros unirnos, porque vivimos sobre la misma tierra, en ella y gracias a ella, los tres colores tejiendo un hermoso pelaje, haciendo que nuestras diferencias se integren gracias al tercer color.
Quedó en silencio el anciano. Tan solo bajó su mirada, cogió una taza, y compartió su té con el discípulo joven. Emocionado por el gesto, lloraba quedamente.
Apenas un sorbo de té quedaba para terminar cuando el maestro llevó su mano hasta la frente del muchacho para decirle:
-Hay tres animales en la misma cesta. Los tres son hembras. ¿Tiene esto algún significado para tí?
Cayó postrado el monje ante su maestro, porque también tenía una respuesta para aquello, unas palabras que pugnaban por salir de su boca, y él no sabía si debía dejarse llevar por el orgullo de la sabiduría. Al fin, se expresó en voz muy baja:
-Tú y yo somos diferentes, una gran distancia nos separa por todo lo que tú has vivido y pensado antes que yo... pero sin embargo, tenemos algo en común: ni tú, ni yo, ni ninguno de los que estamos aquí, somos portadores de un maravilloso don, ni lo seremos nunca. En cambio, la gata menuda, y sus pequeñas criaturas, sí lo poseen. Ellas, como la mujer, tienen el don de la vida, son portadoras del cambio, de la mutación, de la regeneración, del futuro, de la esperanza. Nosotros, maestro, nosotros sólo somos lo que permanece.
El anciano monje retiró lentamente la mano que había mantenido sobre la frente del discípulo y la llevó hacia sus propios ojos para recoger las lágrimas que ahora eran suyas. Se retiró sin añadir nada más.
Aún amanecía cuando el venerable maestro acarició levemente la cabeza de la gata que dormía enroscada con sus bebés. Después, abandonó el monasterio encomendándolo al cuidado del joven y sabio monje, y se encaminó hacia las montañas más altas.

Morfeo


Morfeo es el papá de Gato Pu y de Gata Ar. Una noche de tormenta, desapareció. Este dibujo se lo regalé a Isamar hace dos años.

Solo estando


A veces solo estando al lado es más que suficiente.

¿Qué somos los gatos?


"Dicen que el pez es agua encarnada, la forma misma del agua, el gato es, entonces, el diagrama del aire, su dibujo más sutil".
(Doris Lessing. "Gatos muy distinguidos". Barcelona, 1986. Editorial Laia. Página 49)

Bocetos de Zipi y Tonsu en el balcón al atardecer.