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Cuentico contau, sen ba o fumo por o tejau

Ardía el fuego en el hogar. Las chispas brillaban en sus ojos dorados. El gato Silbanus nos contó entonces un cuento de Javier Villafañe, y el juglar Chema Lera le puso un dibujo :

LA BRUJA ANCIANA

Se me fatigaron los ojos.
Me tiemblan las manos.
Temo marearme y caer de la escoba.

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-¿Y quién es Javier Villafañe?
-Es un titiritero que sigue viajando por las estrellas. Un sabio de blanca barba que aconsejaba "vivir sin odios (si se puede), amar mucho, entenderse con los perros, tirar cosas al mar (relojes, por ejemplo) para enloquecer a las sirenas, caminar bajo la lluvia, tener plantas y otras cosas por el estilo".

(Entre comillas y comidillas pusimos un texto tomado del prólogo de Laura Devetach al libro Don Juan el Zorro, que está aquí http://www.educared.org.ar/biblioteca/guiadeletras/?cat=9 Para saber más de Javier Villafañe, el titiritero, se puede leer aquí: http://www.imaginaria.com.ar/03/8/ancianos.htm
El cuento de La bruja anciana está publicado en una vieja revista llamada Caracola)

Gatas y magos lectores (I)


En una apacible tarde lluviosa, la de ayer, hablábamos sobre libros. Sí, a las gatas (y a los gatos) nos apasiona la lectura. Posiblemente nunca hayáis visto a un gato leer, pero eso no es nada raro. Las gatas y gatos somos especialistas en vivir una doble vida: una , la vida que mostramos a los human@s y a otros animales no humanos, y dos, esa otra misteriosa vida en la que nos movemos subrepticiamente, ocultos a todos los ojos que no sean felinos. ¿Acaso alguna vez nos véis cuando viajamos con las bruxas? ¿O cuando nos dejamos acariciar por los fantasmas que viven con vosotros, sin que seáis capaces siquiera de adivinarlos? Pues para nosotr@s, hallar rincones ocultos para dedicarnos a leer es algo muy sencillo. ¿No os habéis dado cuenta de cómo a los gat@s nos atrae la calidez de las cubiertas de los libros? Mirad aquí a Fadagris, acomodada en las estanterías, por ejemplo.

Acabamos de leer "El Nombre del Viento", otro día os contaré algo más de este libro tan interesante. Es uno de las muchas historias protagonizadas por seres humanos versados en la magia, en la sabiduría oculta. Por alguna razón, nos atraen los magos como personajes: quizá porque ellos son capaces de convertir en realidad lo que sólo existe en la imaginación, quizá porque proyectamos en ellos ese deseo...

Pero, queridos amigos felinos y humanos, el verdadero mago es el lector, la lectora. El poder del mago lector le lleva a atravesar los límites de la realidad, va más allá del papel. El mago lector atrapa a los personajes fantásticos y los dota de realidad en el mundo de su mente. El mago lector vive otras vidas, se convierte en los personajes leídos, sueña sus sueños y sufre sus mismos sufrimientos. He aquí el poder de la lectura, tan grande como la mayor de las magias.

Fada, la gata de Dora soñadora. Reseñas y secretos.

La gatita de Dora, Fada, en el papel y en la ventana. ¿A que se parecen? Pues voy a contar un secreto: en realidad, este modelo es "el ", no "ella". Se llama Trigo. Tanto él, como Lluvia, como Ara, y algun@s más que cito en el libro, posaron muchas veces mientras dibujaba Dora soñadora. Es lo que tiene el mundo de los animales no humanos, que hasta en eso nos aventajan: a primera vista no hay discriminación. Fada tiene un poco de todos los gat@s que nos rodean, sean "chicas o chicos".

Por cierto, que Myriam Martínez eligió este mismo dibujo de Fada para ilustrar la entrevista que publicó en el Diario del Altoaragón el pasado domingo, junto con uno de los que más me gustan de Dora. Os pongo aquí una imagen para que veáis qué bonita quedó la maquetación de la página.
Este dibujo de Fada con el que se cierra el libro tiene su "pequeña" historia: en Nueigüena me regalaron un precioso cuaderno de bocetos. Los cuadernos son una de mis debilidades, tengo cientos, pero nunca enteros, porque voy arrancando hojas conforme las voy usando. Los bocetos son como las hojas de los árboles. Casi todos duran una estación, menos algunos, que se hacen perennes. Es lo que le ha ocurrido a este dibujo que empezó siendo un boceto para probar pinturas, tonos y texturas, y terminó inmortalizado en una de las últimas hojas del libro de Dora soñadora.
Poco a poco, el libro va incorporándose a otras vidas. Esto es algo mágico, a veces me entra una especie de vértigo cuando me imagino a un niño que no conozco, sentado en la alfombra de su casa, contemplando en el libro un dibujo que comenzó a existir en la mesa de mi estudio...

Dora y Fada también eligen vivir en otros blogs de amig@s generos@s que hablan del libro. Luisa Covelo le dedicó una sentida y completa reseña en su interesante blog cultural Mi estrella en la eternidad. Me escribió para decirme que había puesto este granito de arena en el mar de sueños que Dora iba compartiendo con los lectores. ¡Gracias, Luisa, de parte de Dora y de Fada!

Y para terminar este paseo, en el portal de actualidad Redaragón, de El Periódico, que desde hace ya algunos años sacan adelante Rubén y Pablo Pamplona, también ha encontrado un hueco Dora soñadora. ¡Gracias!:
Actualizado el 20/12/2010

María, a quien solo conozco por su trabajo como redactora en una página de la que ya soy lector permanente -o viajero camino del oasis (si la visitáis sabréis por qué lo digo)- ha escrito esta reseña con palabras tecleadas directamente desde el corazón, ¡gracias!
Su página se llama Sólo mirar: El Bazar de Najmah.



Dora soñadora, ayer y mañana


Parece que fue ayer cuando estaba haciendo la ilustración de la portada bajo la supervisión felina correspondiente. En el mágico universo del papel, la pequeña Dora dormía plácida, acunada por el vaivén de la luna menguante, mientras su gata atisbaba, a escondidas, algo o a alguien más allá del halo de luz lunar...
Hoy sé que Dora soñadora ya existe como libro, pero aún no lo he podido ver, y eso me produce una extraña sensación. Me siento como quien espera en un andén a alguien al que conoció tiempo atrás, y teme no reconocerlo de nuevo con la misma emoción, con los mismos ojos de entonces. Como el alquimista a punto de añadir la última gota de la poción sin haber visto nunca antes el resultado de su experimento, o el bruxo que pronuncia el maleficio recién leído en el Libro Verde sin atreverse a modular la última sílaba...
O como el gato a punto de abrir los ojos después de un largo sueño, en medio de la noche bajo la sonrisa de la luna...

Los monstruos

En la soledad del estudio sé que otras presencias comparten mi espacio, aunque esto sea una paradoja. No hay nadie que yo pueda ver con mis ojos, salvo los gatos que van y vienen, duermen y juegan, rozan mis piernas o reclaman caricias saltando a mis brazos. Ell@s seguro que pueden verlos. Muchas veces los descubro mirando con atención entre los pliegues de la pesada cortina que cosió mi madre y que hace las veces de puerta. A veces me inquietan sus grandes ojos ámbar, dorados, verdes o azules, abiertos y redondos, cuando se quedan fijados, inmóviles, en un punto inconcreto de la amplia estancia, en la oscuridad que rodea al foco de luz del tablero de dibujo. No se asustan, los gatos. Son tan misteriosos como ellos, tan sabios.

Por eso sé que están ahí. Siempre están. Y, cuando quieren, se cuelan en las páginas de los libros que ilustro. En el Bestiario. En Dora soñadora, también.

Dibujando bajo la atenta mirada de los gat@s



Tanto dibujar rodeado de gat@s, tenía que pasar: mi próximo libro está lleno de ell@s, con una preciosa gata como coprotagonista, ya os contaré.

(Falta muy poco para que aparezca, a veces he tenido la sensación de haber pasado por un largo embarazo, haber parido y luego, la criatura, desaparecía del nido sin verla... los libros de papel tienen ese inconveniente, parecen diluirse momentáneamente, durante meses, desde que palabras y dibujos salen del estudio para ir a la imprenta hasta que puedes recuperarlos en forma de volumen. Patricia, la editora, me asegura que pondrá la criatura en mis manos de aquí a unos días, tengo tantas ganas de verla...)

Por cierto, estos dos curios@s gat@s hicieron lo que es costumbre en ell@s: primero querían salir fuera de la ventana, en cuanto lo lograron, se pusieron a llamar al cristal para volver a entrar al estudio, y así una y otra vez, ¡hasta que comenzaron a volar papeles y dibujos! (la casa está en el aire, por si no alguien no lo sabía) Menos mal que en ese momento trabajaba los bocetos en el cuaderno y el viento no logró arrebatármelo.


Como esta circunstancia se repite a menudo, resulta que cuando alguien entra en mi estudio de la casa del aire, tiene muchas probabilidades de que algún dibujo revolotee en torno a sus narices, o de ver un gat@ intentando atrapar entre sus zarpas, en lugar de una mosca, un trozo de papel de colores...