¿El tiempo pasa?

A veces no es tan dificil experimentar el paso del tiempo.

Me doy cuenta de cómo cambia cuando bebo una taza de te verde con jazmín. Las flores del verano se han secado ya.

O cuando empiezo una nueva libreta de dibujos. La última es pequeña y tiene las tapas rojas.

Abuela Gata me mira con sus enormes ojos azul cielo. Me dice que lo màs importante en este momento es que me siente en la mecedora, junto a la estufa de leña.

Ella, entonces, como ha hecho cada día de invierno desde hace no sé cuántos años, se subirá a mis piernas, se acurrucará, se dejará acariciar, y ronroneará un rato antes de dormirse.

Su último escondite

Asomaban las dos patas blancas y la punta de la cola, por debajo de la cortina. La cortina era en realidad la funda de un almohadón colgada en la puerta de la casita donde vivía, como una cortina para protegerla del viento. El cierzo se cuela por encima de la tapia del huerto, choca contra el muro cubierto de hiedra y, de rebote, hace un remolino en torno al viejo alberjero. Es entonces cuando trata de meterse dentro de la casa verde. Boira llevaba varios días allí dentro. Se asomaba un poco a la entrada, para retozar al sol, y volvía a esconderse. Pero no me extrañó demasiado. Era bastante solitaria.

Cuando ví sus patas y el extremo de su cola, esa cola que tanto recordaba la de un visón, pensé que dormiría. La llamé varias veces. Las demás gatas y gatos estaban ya comiendo. Era raro, demasiado raro, que ella no saliera, aunque a veces, cuando estaba enfadada con Culibilla, le poníamos su comida aparte, para que no riñeran.

Cuando mi mano se acercaba lentamente para tocarla, yo ya sabía que estaba muerta. Es muy dificil, por no decir imposible, coger la zarpa de un gato sin recibir un arañazo. Boira no se movió.

Levanté la cortina para verla. Su postura era la de una gatita dormida, plácida, feliz. Ni un gesto de sufrimiento. No tenía la cara como su hermano cuando encontramos su cuerpo en posición de correr, en medio del campo.

Esa postura suya me ayudó a sobrellevar los siguientes minutos en los que me enfrenté al rito de enterrarla bajo el rosal, justo allí donde había nacido, allí donde jugó, desde donde subía a la tapia para pasear por los tejados, muy cerca del tronco nudoso de la parra a la que con tanta facilidad trepaba.

Me acompañaron su hermano Baco y Zipi II. Miraban mientras yo lloraba y cavaba un hoyo que fuera cómodo para acoger su cuerpo tal y como nos lo había dejado. La acaricié varias veces, culpándome por todas las ocasiones en las que no lo hice, aunque nunca se acaricia lo suficiente a una gata cariñosa. La tapé con una tela morada de Isamar, que habíamos usado para pintar. A Boira le gustaba mucho subirse a la mesa mientras dibujaba. Pusé encima un ramo de hiedra, porque en verano, en las horas de más calor, Boira desaparecía bajo el follaje, oculta como una pequeña "fada". Creo que, en realidad, siempre jugaba a esconderse.

Eché la tierra encima e hice un círculo de piedras.

En ese momento apareció detrás de mí una gatita siamesa con la cola retorcida y los ojos azules. Creí en la magia, una vez más. Boira también tenía los ojos azules.

Boira, la pequeña y blanca Boira, ahora sigue durmiendo escondida bajo la tierra oscura, en ese rincón del huerto en donde el sol calienta durante más rato.

Mientras, otra gata que aún no tiene nombre, corretea por encima.

¿Y si empezáramos el mundo de nuevo?

Metta Sutta (Sutra de la felicidad)

"Que toda persona se esfuerce
por ser recta y sincera, sin orgullo
y que esté satisfecha con facilidad y jubilosa;
Que no se pierda en los asuntos del mundo.
Que no se abrume con riquezas;
Que sus sentidos estén controlados;
Que sea sabia, pero sin vanidad;
Que no desee grandes posesiones,
aun para su propia familia;
Que no haga nada que sea vil
O que los sabios reprueben.

Que todos los seres estén felices y vivan sin peligro
Todos los seres vivientes, aunque sean débiles o fuertes,
de los reinos bajos, medianos o altos,
Sean pequeños o grandes, visibles o invisibles,
estén cercanos o lejanos, nacidos o por nacer;
Que todos los seres sean felices y vivan sin peligro.

Que nadie engañe ni desprecie a otro en cualquier estado;
que ninguno desee dañar a otro por coraje,
o cualquier motivo.
Así como una madre con su propia vida
protege a su hijo
de la misma manera, con una mente ilimitada
debería uno apreciar a todos los seres,
radiando bondad por todos lados,
arriba, abajo, y todo alrededor, sin límites,
de modo que uno cultive un infinito amor bondadoso
hacia todo el mundo.

Parado, caminando, sentado o acostado,
durante todas las horas que uno esté despierto,
uno debería de cultivar el pensamiento,
que ésta es la manera de vivir en la morada
sublime de este mundo.

Abandonando las discusiones vanas,
con la visión clara,
liberada del apetito de los sentidos,
aquel con corazón puro nunca más
renacerá en el ciclo de la creación del sufrimiento
de nosotros o de otros."

--Buda--


Aqueras montañas
tan alteras son,
no me dixan bier
os mios aimors.

Aqueras montañas
cuán se’n baxarán
y os mios aimors
aparixerán.

Dezaga d’ixas boiras
os n’íré a escar
y crebando as mugas
con yo entornarán.

Si canto, yo que canto,
no canto ta yo,
canto t’al Agüelo
que ye en ixos mons.

............

Mi humilde homenaje a José Antonio Labordeta.
Gracias por haberte conocido,
por haberte escuchado,
por haberme dado la oportunidad de ilustrar un pequeño relato tuyo.
Adiós, agüelo.

Cuando una gata lee


A veces se lee un libro como quien entra en un sueño, se despierta, y tiene la sensación de que solo han pasado unos segundos. Sin embargo, en la memoria se desperezan ciento una imágenes maravillosas del sueño terminado. ¿Cómo he podido vivir tanto en tan poco tiempo?

Me sucedió con El Consuelo, de Anna Gavalda. Lo leí este verano en un fin de semana.

Quizá porque uno de los escenarios en los que transcurre se parece mucho a mi propio hogar.

Quizá porque las personas que aparecen se relacionan con los animales no humanos dentro de un fantástico paraíso de amor, respeto y libertad.

Quizá porque hay tanta diversidad como en la misma vida, tanta desesperanza y tantas posibilidades de recomenzar.

Quizá porque los personajes tratan a la muerte de tú a tú, a los ancian@s como seres todavía "útiles" en las relaciones humanas, y a los niñ@s y jóvenes como personas "completas".

Quizá porque cuando uno ya no busca nada, ya está de vuelta de todo, entoces va, y encuentra.

No suelo comentar libros en este blog. Pero no sé por qué, me apetecía contaros algo sobre éste. Lo único que no me gusta es el título, porque hace referencia a una palabra francesa que designa a una partida de cartas que va después de la de la "revancha", una partida que se juega por jugar, sin ganadores ni perdedores. La traducción se aproximaría más a la consolante, o a la consoladora, pero claro, no suena bien en castellano.

Mi gata Fadagris me acompañó durante muchas horas de lectura, y a ella le gustaron especialmente ests párrafos:

"Cuatro minúsculos gatitos escondidos debajo de un coche muy viejo... Los niños se volvieron locos con ellos. Le preguntaron si los podían coger en brazos, y nos fuimos todos a jugar en el césped que había detrás de la casa.
Mientras se diverían con los animalitos como si fueran golosinas, el viejo y yo nos sentamos en un banco. El hombre tenía al perro en su regazo mientras se liaba un cigarrillo. Sonreía mirándolos y me felicitó: yo también tenía una camada bien maja... Me eché a llorar al instante. Tenía un montón de sueño atrasado, no había hablado con un adulto amable desde... Ellen, así que se lo conté todo.
(...)
Ese señor René, con sus gallinas, sus vacas, el viejo caballo que le habían encargado que cuidara, su perrito y su caos enorme se convirtió en nuestra nueva familia. Por primera vez, me sentía bien. Protegida. Tenía la impresión de que nada malo podía aguardarnos detrás de esas tapias, que el resto del mundo estaba al otro lado del foso…"págs.402-403.

Un mundo más lento

Hay lugares llenos de calma, lugares en los que la lentitud parece modificar el tiempo.
Allí, los autobuses nunca salen hasta que todos los asientos están ocupados,
sus habitantes se mueven tan sólo para no perder la sombra de su árbol,
las cenas se preparan justo cuando el último rayo de sol ha desaparecido tras la colina
y nadie se acuesta hasta que la última de las sabias ancianas ha contado la última de sus sabias historias bajo el farol rodeado de mariposas nocturnas.

Hay lugares en los que incluso el agua del río parece discurrir más despacio, dibujando caminos inesperados en sus reflejos.

Carta de una gata feliz


En el viejo huerto donde vivo encuentro todo lo que deseo: fresca hierba donde tumbarme, mientras el sol me calienta, el tronco de la figuera, rugoso, viejo y gris, como una anciana que me acoge, me acuna, me proporciona escondite y me aúpa hacia el mundo de los tejados, el tronco del alberjero, mi amigo con quien ya jugué de chiquitina, y donde ahora trepo para llegar a la tapia, los divertidos troncos de la vieja parra, un laberinto amarrado a las piedras del tapial, un mundo de senderos verticales de cálida madera y fresca sombra de las hojas de la vid. Y siempre estoy arrullada por el ronroneo particular de los insectos alados, que compiten con nosotr@s en sonidos de calma acunando el aire cálido del mediodia...

Taller de lectura

Doy un taller de lectura en la biblioteca María Moliner de Zaragoza este jueves. La imagen es una ilustración mía que Belén, de la biblioteca de Biescas, colocó en la sala de lectura. La fotografía me la mandó Blanca bk. La ilustración fue portada del suplemento Artes&Letras de Heraldo de Aragón.

Nuevo libro

Con ayuda del Maestro Silbanus, terminamos la ilustración para el libro "27 palabricas". El cómo se hizo puede verse en la mesa de dibujo de Chema Lera.

Para celebrarlo cambiamos el fondo del blog Gatoporlibre y ponemos esta maravilla que ha hecho aparecer la varita mágica de la fada amiga Luisa Covelo. ¡Mil gracias por el regalo!

Curioseando la mesa de dibujo

¡Qué revuelta está la mesa de dibujo!

Cuentos para vivir

"Todos los grandes cuentos que existen nos dicen que la vida es un don maravilloso que debemos conservar y cuidar. Todos nos dicen que debemos estar agradecidos, que debemos dar las gracias porque existen los ríos, los perros, las canciones y los niños.
Todo eso es sagrado y nadie tiene derecho a ultrajarlo. Algunas gentes, no es posible saber por qué, están enemistadas con las mejores cosas de la vida. Por eso es importante contar cuentos a los niños, para que cuando sean mayores no sean como ellos".

Gustavo Martín Garzo. "Lecturas para regresar al mundo real". En NT, Marzo-Abril 2010, nº 661

En la imagen, mi cuento de "Dora soñadora" muy bien arropado en un escaparate. Por las noches, cuando se apagan las luces de neón detrás del cristal, con susurros de hojas de papel, los cuentos de los escaparates juegan a cambiarse de sitio y a contarse a sí mismos...

Un dibujo de gato de Philip Giordano

Philip Giordano es el ganador del Premio de Ilustración de la Fundación SM en la Feria de Bolonia.

(Edito la entrada y cambio el dibujo porque el anterior ha desparecido)

Primer día de primavera

Boira. Blanco de primavera 2010.

Fadita verde

Un hada para Tanakil, buscadora de hadas dibuj-hadas!
Esta Fada (=hada en aragonés) la encontré sobrevolando el "pan de rana" en un pequeño recodo del río con agua estancada... Cada vez que se posaba sobre las algas, aparecía una flor de nenúfar, el aire se llenaba de perfume con sabor a limón y se escuchaban risas como gotas de agua...

Detrás de la ventana

Las tapas de un libro ilustrado son ventanas hacia afuera, abiertas al color, a la imaginación, al mundo de los sueños, al cielo de los niñ@s.
Las ventanas del estudio del ilustrador son tapas de un libro cerrado que se va escribiendo día a día, hora a hora, pincelada a pincelada, en el silencio de papel blanco.
Detrás de esta ventana donde se ha subido el gato Baco está la mesa de dibujo del ilustrador. Si queréis echar un vistazo detrás de los cristales, estáis invitadas (e invitados).

Risas de estrellas

Estoy preparando historias, cuentos y leyendas nuevas. Bueno, en realidad nunca son nuevas, sino que vuelven a ser contadas de forma diferente. Sin embargo, a veces pienso que existen infinitas historias dormidas, ocultas, ignoradas. Hay que imaginar nuevos lugares donde buscarlas.

Cada vez que miro al cielo por la noche, una nueva estrella parece reirse de mí. Porque las estrellas, sabéis, se burlan de los pobres humanos. Los humanos, piensan ellas, son tan ignorantes que, cuando llega la hora mágica de las luciérnagas, se cierran bajo llaves, ponen techos sobre sus cabezas, y encienden luces. Son tan simples que huyen por calles asfixiantes de brillos de neón y farolas en fila india. Tan absurdos que se hunden bajo sábanas y cierran sus ojos hasta que pasa el tiempo maravilloso.

Mi amigo el perro y yo hemos aprendido de los sabios gatos a reconocer cuando comienza el momento especial del día, y resulta que ese momento es... la noche. La luna, cada noche, se oculta una rodaja más, y, a cambio, nos regala cientos, miles, millones de estrellas nuevas. Ni todos los humanos, ni todas sus vidas juntas alcanzarían para contemplarlas a todas.

Están ahí, siempre, esperando. Eso sí, alejadas de las ciudades. Encaramadas a lo alto de montes invisibles y mares infinitos. Cada estrella encierra su misterio, cada una cuenta su leyenda, a su manera. Solo hay que pararse, contemplar, escuchar y ... trasnochar.

Son mis estrellas, rielan sobre la Casa del Aire, nunca podré cansarme de mirar hacia el cielo. Sé que bajo el azul oscuro se ocultan miles de historias por descubrir.

La primera ilustración pertenece a una de las guardas del libro "Dora soñadora". La segunda, inédita, es un acrílico sobre piedra.

Cuentico contau, sen ba o fumo por o tejau

Ardía el fuego en el hogar. Las chispas brillaban en sus ojos dorados. El gato Silbanus nos contó entonces un cuento de Javier Villafañe, y el juglar Chema Lera le puso un dibujo :

LA BRUJA ANCIANA

Se me fatigaron los ojos.
Me tiemblan las manos.
Temo marearme y caer de la escoba.

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-¿Y quién es Javier Villafañe?
-Es un titiritero que sigue viajando por las estrellas. Un sabio de blanca barba que aconsejaba "vivir sin odios (si se puede), amar mucho, entenderse con los perros, tirar cosas al mar (relojes, por ejemplo) para enloquecer a las sirenas, caminar bajo la lluvia, tener plantas y otras cosas por el estilo".

(Entre comillas y comidillas pusimos un texto tomado del prólogo de Laura Devetach al libro Don Juan el Zorro, que está aquí http://www.educared.org.ar/biblioteca/guiadeletras/?cat=9 Para saber más de Javier Villafañe, el titiritero, se puede leer aquí: http://www.imaginaria.com.ar/03/8/ancianos.htm
El cuento de La bruja anciana está publicado en una vieja revista llamada Caracola)

Gatas y magos lectores (I)


En una apacible tarde lluviosa, la de ayer, hablábamos sobre libros. Sí, a las gatas (y a los gatos) nos apasiona la lectura. Posiblemente nunca hayáis visto a un gato leer, pero eso no es nada raro. Las gatas y gatos somos especialistas en vivir una doble vida: una , la vida que mostramos a los human@s y a otros animales no humanos, y dos, esa otra misteriosa vida en la que nos movemos subrepticiamente, ocultos a todos los ojos que no sean felinos. ¿Acaso alguna vez nos véis cuando viajamos con las bruxas? ¿O cuando nos dejamos acariciar por los fantasmas que viven con vosotros, sin que seáis capaces siquiera de adivinarlos? Pues para nosotr@s, hallar rincones ocultos para dedicarnos a leer es algo muy sencillo. ¿No os habéis dado cuenta de cómo a los gat@s nos atrae la calidez de las cubiertas de los libros? Mirad aquí a Fadagris, acomodada en las estanterías, por ejemplo.

Acabamos de leer "El Nombre del Viento", otro día os contaré algo más de este libro tan interesante. Es uno de las muchas historias protagonizadas por seres humanos versados en la magia, en la sabiduría oculta. Por alguna razón, nos atraen los magos como personajes: quizá porque ellos son capaces de convertir en realidad lo que sólo existe en la imaginación, quizá porque proyectamos en ellos ese deseo...

Pero, queridos amigos felinos y humanos, el verdadero mago es el lector, la lectora. El poder del mago lector le lleva a atravesar los límites de la realidad, va más allá del papel. El mago lector atrapa a los personajes fantásticos y los dota de realidad en el mundo de su mente. El mago lector vive otras vidas, se convierte en los personajes leídos, sueña sus sueños y sufre sus mismos sufrimientos. He aquí el poder de la lectura, tan grande como la mayor de las magias.

Volver a casa

Se cuela el sol de la tarde como la luz de las hadas tras las cortinas. Después de la lluvia, mojados, rendidos de cansancio, pero felices, con la alegría libre y salvaje que contagia un pequeño gran amigo.
Regresar a casa, llenarse de la paz secreta que emana de los sueños de los gatos.
Retomar lápiz y teclas. Escuchar cómo rasga el papel, como suena el teclado.
Dejar que los duendes hagan el trabajo.
Volver de nuevo.

Un cuento en defensa de los animales


Es lo que dicie Russell Simoni en su web:

"El libro trata indirectamente el tema del veganismo y el de los derechos de los animales. Y además otros temas que importan. Es la historia de una niña con rastas y piel morena, y de su gata adoptada Fada, y del perro Pito, y de sus amig@s, y su abuelita… y de lo poco que somos capaces de ver los adult@s".

Y lo ilustra con este dibujo de activismo y liberación animal, en una granja/campo de concentración de gallinas.

Dora soñadora

Más información en el blog gatoporlibre.blogspot.com

Zaragoza , 2009
ISBN: 9788493502577
AUTOR: Chema Lera
COLECCIÓN: Álbum Ilustrado
TEMA: Infantil
PRECIO: 16,00 €
Gatos y gatas del mundo entero sueñan con trepar hasta la luna...pero no todos lo consiguen. Esta es una historia de sueños, de amor a los animales y de amistad, en la que sólo quienes crean en los sueños podrán ayudar a Dora y a Fada.
Compra del libro online

Fada, la gata de Dora soñadora. Reseñas y secretos.

La gatita de Dora, Fada, en el papel y en la ventana. ¿A que se parecen? Pues voy a contar un secreto: en realidad, este modelo es "el ", no "ella". Se llama Trigo. Tanto él, como Lluvia, como Ara, y algun@s más que cito en el libro, posaron muchas veces mientras dibujaba Dora soñadora. Es lo que tiene el mundo de los animales no humanos, que hasta en eso nos aventajan: a primera vista no hay discriminación. Fada tiene un poco de todos los gat@s que nos rodean, sean "chicas o chicos".

Por cierto, que Myriam Martínez eligió este mismo dibujo de Fada para ilustrar la entrevista que publicó en el Diario del Altoaragón el pasado domingo, junto con uno de los que más me gustan de Dora. Os pongo aquí una imagen para que veáis qué bonita quedó la maquetación de la página.
Este dibujo de Fada con el que se cierra el libro tiene su "pequeña" historia: en Nueigüena me regalaron un precioso cuaderno de bocetos. Los cuadernos son una de mis debilidades, tengo cientos, pero nunca enteros, porque voy arrancando hojas conforme las voy usando. Los bocetos son como las hojas de los árboles. Casi todos duran una estación, menos algunos, que se hacen perennes. Es lo que le ha ocurrido a este dibujo que empezó siendo un boceto para probar pinturas, tonos y texturas, y terminó inmortalizado en una de las últimas hojas del libro de Dora soñadora.
Poco a poco, el libro va incorporándose a otras vidas. Esto es algo mágico, a veces me entra una especie de vértigo cuando me imagino a un niño que no conozco, sentado en la alfombra de su casa, contemplando en el libro un dibujo que comenzó a existir en la mesa de mi estudio...

Dora y Fada también eligen vivir en otros blogs de amig@s generos@s que hablan del libro. Luisa Covelo le dedicó una sentida y completa reseña en su interesante blog cultural Mi estrella en la eternidad. Me escribió para decirme que había puesto este granito de arena en el mar de sueños que Dora iba compartiendo con los lectores. ¡Gracias, Luisa, de parte de Dora y de Fada!

Y para terminar este paseo, en el portal de actualidad Redaragón, de El Periódico, que desde hace ya algunos años sacan adelante Rubén y Pablo Pamplona, también ha encontrado un hueco Dora soñadora. ¡Gracias!:
Actualizado el 20/12/2010

María, a quien solo conozco por su trabajo como redactora en una página de la que ya soy lector permanente -o viajero camino del oasis (si la visitáis sabréis por qué lo digo)- ha escrito esta reseña con palabras tecleadas directamente desde el corazón, ¡gracias!
Su página se llama Sólo mirar: El Bazar de Najmah.



Dibujando al calor del fuego

Vuelven la nieve y los recuerdos. Hemos encendido el fuego y parece que reiniciamos el ciclo... como cuando dibujaba Dora soñadora en el rincón junto al hogar, ahora hará casi un año.


Nos empeñamos en vivir a plazos y así nos vamos comiendo el tiempo. En un mes tal o cual aniversario, en una semana, el finde, en un año, la Navidad... y vuelta a empezar. La sociedad nos obliga a compartimentar nuestra vida.

¿Por qué no dejamos de contar de una vez por todas los días, los meses o los años y permitimos que el eterno péndulo de la naturaleza nos acune mientras vivimos? Porque, ¿cuánto dura el instante de una lectura junto al fuego, con un gato en el regazo? ¿Cuánto tarda en tornarse roja la hoja verde de la parra otoñal?¿Tienen tiempo los pensamientos?

Dora soñadora: Libros y cuentos recomendados en otro suplemento escolar


El suplemento escolar del Diario del Altoaragón publicó también reseña de Dora soñadora el pasado jueves 19 de noviembre, pero se me pasó comentarlo en el blog. Me gusta mucho la última frase:
"Los sueños se cumplen... si se cree en ellos lo suficiente".
Creo que da en el clavo.



Y la copio aquí por si se pierde el enlace:


"Gatos y gatas del mundo sueñan con trepar hasta la luna... pero no todos lo consiguen. Esta es una historia de sueños, de amor a los animales y de amistad, en la que sólo quienes crean en los sueños podrán ayudar a Dora y a Fada. El cuento ha sido "soñado e ilustrado" por el oscense Chema Lera, que invita a vivir como se sueña y a creer que los sueños se cumplen... si se cree en ellos lo suficiente."

Dora soñadora, para leer

Me ha hecho mucha ilusión encontrar esta reseña en el suplemento escolar de Heraldo de Aragón que coordina Silvia Rubio. Siempre me entretengo en hojear los suplementos escolares de los periódicos, sobre todo porque a veces publican dibujos que los niñ@s hacen y luego envían a la redacción. Cuando yo era pequeño enviábamos dibujos a los concursos, sobre todo los navideños. En un concurso infantil de dibujos sobre paisajes gané un tercer premio. Se me ha olvidado cuál fué el premio en sí, medalla, galardón o lote de libros, que me correspondió, pero nunca desaperecerá de mi memoria el paisaje que dibujé con ceras duras: media docena de árboles delgados, con troncos que sólo eran una línea sinuosa, muy marcada, rodeados por una valla de madera en medio de un prado. Quizá por eso siempre me gusta dibujar árboles, también tienen su lugar en Dora soñadora.


Dora soñadora, el cuento del cuento


Había una vez una librería en un sótano a la que se accedía por una escalera de caracol. Un día, muchos niños y niñas bajaron los peldaños de esa escalera, y a algunos tuvieron que ayudarles los adultos que los acompañaban. En un rincón de la librería había una mesa redonda, y unas sillas, y tenían la altura perfecta para que niños y niñas se sentaran a leer los libros que había por todos los sitios. Muy cerca de allí, sobre una mesa más alta, no apta para todas las estaturas, había muchas lunas, como si estuvieran en el cielo. Las lunas eran, en realidad, dibujos en la cubierta de un libro. Las lunas brillaban. Las letras grandes también: Dora soñadora.
Al lado de esa montaña de libros de Dora soñadora se abría una puerta sin puertas, una entrada a una sala grande, como de un cine o un teatro. Había sillas para adultos. Y un espacio libre, alfombrado, sin sillas, que invitaba a sentarse. Delante de ese lugar libre, un pequeño escenario, no más alto de dos palmos de manos de niña o de niño. Y, en medio, una enorme caja de madera pintada, con la tapa levantada y unas letras dibujadas como si fueran ramas de árboles y hojas. Niños y niñas se sentaron delante de la caja, a esperar. La espera de los niños también forma parte del juego. La de los adultos es nerviosa, apremiante, con sensación de pérdida. Por eso, en vez de jugar, algunos adultos leyeron las palabras de la caja: Artelera (como Cartelera, pero sin la "c"), érase que se era (así mismo, precisamente así, comenzaban los cuentos antiguos...). Algo iba a pasar. Y pasó.


Patricia Delso, la joven e ilusionante editora de Marboré, que parecía una de las buenas hadas convocada a una fiesta de cuento en un palacio de cuento, anunció la presencia de Isamar Boirabruixa (¿se dice así? ¡es cómo una palabra mágica!). Desde detrás de una columna apareció entonces una mujer muy joven y risueña, con largas melenas y rastas en el pelo, toda vestida de negro. Pintado de blanco, desde su hombro parecía descender por su ropa un enorme gato blanco. Un gato fantasma, o una gata hada. Lo que fuera a pasar tendría que ver con animales, y más concretamente, con gatos. O con gatas.

Su brazo y su mano izquierdos se convirtieron de repente ¡en una preciosa y delgada gatita naranja con rayas blancas! La voz de Isamar cayó sobre los niños y las niñas como un hechizo de brillantes sílabas, y el cuento comenzó a contarse: Dora es un nombre de niña, ¿verdad? Y detrás de ese nombre hay una niña, una niña de piel morena y divertido peinado, la protagonista de nuestro cuento, un cuento que tiene otra protagonista, y se llama Fada... Niños y niñas hablaban, aportaban sus ideas al cuento, ¿por qué no llamar a los bomberos?, a las madres no, no parece que haya que contar con las madres para ayudar en aventuras infantiles... Y acunado por ese armónico conjunto de voces, la de la narradora y las de los narradores sentados en el suelo, el cuento, al fin, terminó.

¿Que para qué estaba allí la enorme caja? Ah, claro, ¡se me había olvidado! En medio del cuento, empezaron a salir pequeños ruidos provenientes de la caja. Isamar fue a ver qué pasaba allí detrás. Introdujo su mano libre... y un pequeño perro melenudo y despeinado se puso a bailar claqué sobre la madera de la tapa. ¿Su nombre, el del perro? Pito. Las risas dieron la bienvenida a la marioneta.

El cuento se había contado, sí, ¿pero quién lo había escrito, quién dibujado? Vino entonces un señor con barbas, vestido con una camisa de muchos colores, y, después de saludar dando las manos a niños y niñas e ignorando descaradamente a la audiencia adulta, contó otro cuento, el cuento del cuento.


La historia de un niño que soñó con ser juglar. Pero en nuestro tiempo no había lugar para los juglares, porque los juglares viven del tiempo perdido, como los niños, y en la sociedad de hoy no hay tiempo para perderlo escuchando las historias de los juglares callejeros, no hay tiempo para perderlo imaginando personajes y aventuras, no hay tiempo para perderlo riendo y llorando sin motivo... Entonces aquel niño que no pudo ser juglar descubrió que lo que soñaba cada noche eran las ilustraciones de lo que había vivido durante el día, y que en realidad todos dibujamos nuestras propias historias cuando dormimos, así que, ni corto ni perezoso decidió traducir con palabras y dibujos aquellos sueños de niño, y así fue convirtiendo vidas en libros. Y esto sí que es algo mágico y misterioso, y por eso, no puede ni contarse.
(Y hasta el duende guardó el secreto)

Lo que cuenta Antón Castro de Dora soñadora...


Reseña de Dora soñadora publicada en el suplemento Artes&Letras de Heraldo de Aragón, por Antón Castro.

Chema Lera se ha especializado en el mundo maravilloso de Aragón. En sus libros, algunos tan sugerentes como ‘Bestiario ilustrado de Aragón’ (Prames), y en programas televisivos como ‘Aragón misterioso’ (CARTV). Parece estar en contacto con el imaginario popular y hablar, a la luz de la luna o en medio de la oscuridad, con las hadas, los duendes, los monstruos o esas criaturas errantes que cruzan los bosques o se esconden en el interior de las casas.
Y, como por arte de magia y color, se le trasvasan al papel. Chema Lera publica ahora en Marboré el libro ‘Dora soñadora’, la historia de una niña que tiene una gata, Fada, y que está en peligro. No se sabe muy bien por qué pero está encaramada en la luna, y por tanto se ha tornado inalcanzable. Dora sospecha que la gata es un animal hechizado capaz de hacer que todos los sueños se cumplan, y también el suyo.
Así, empieza una peregrinación o una divagación mental para hallar a quién pueda ayudarle. Y eso le permite conocer al lector su círculo más íntimo: los monstruos, esas nubes que parecen rebaños de ovejas, los duendes, los árboles que hablan y silban, su amigo Ginés, los dragones.
Chema Lera cuenta esta historia con un texto sencillo, diáfano y sentimental, y lo cuenta gráficamente con gran profusión de colores y de planos, con ilustraciones que celebran el bestiario, el embeleso nocturno, las criaturas (una de las más hermosas es la Luna, esa luna de ojos verdeamarillos) o la fuerza de un mirador con vistas. Chema Lera ha hecho el libro que soñaba. Para los más pequeños, para los que sueñan, para los que necesitan embrujo y un poco de miedo, tan necesario para crecer. Y ha contado con la complicidad de la joven editora Patricia Delso.

Crónicas de cuento (las mil y una Doras soñadoras)


Hubo una vez una ciudad en la que se contó un cuento y luego otro y luego otro... Unas niñas y unos niños escucharon, respondieron y ayudaron con sus palabras a contarlo. Una gata llamada Fada, un perro llamado Pito y un duende de nombre misterioso y desconocido acudieron a la llamada del cuento de Dora soñadora, y arroparon a Isamar la narradora. Después de ese cuento, surgieron otros cuentos, el de Inma y Ainhoa (Lamima) o el de Isabel y Simba (Lamia) , y se conviertieron en crónicas generosas, tiernas y amables, que os invitamos a leer.

Gracias, amigas.


P.D. La foto es de la mismísima Majestad Gata del palacio real de Rabat, que disculpó su presencia en la presentación de Dora soñadora pero quiso transmitir su apoyo a la gata Fada y nos envió desde el mundo de las Mil y una Noches esta imagen (gracias a Guillermo M.), imagen real en todos los sentidos.
En cuanto regrese del todo, contaré mi cuento sobre el cuento...

Una caja soñadora

Una vez llegó una caja.

Todas las cajas encierran un misterio.

Hasta que se abren.

Pero esta caja siguió siendo un misterio una vez abierta.

Porque comenzaron a salir gat@s de ella.

Y gat@s.

Y más gat@s.

Naranjas y negros.

Gatos gemelos.

Gatos siameses.

¡Una caja no podía albergar tanto gato!

¿Qué había allí dentro?

¿Véis?

Dentro de la caja había un sueño.

El sueño de una niña llamada Dora.

Dora soñadora, ayer y mañana


Parece que fue ayer cuando estaba haciendo la ilustración de la portada bajo la supervisión felina correspondiente. En el mágico universo del papel, la pequeña Dora dormía plácida, acunada por el vaivén de la luna menguante, mientras su gata atisbaba, a escondidas, algo o a alguien más allá del halo de luz lunar...
Hoy sé que Dora soñadora ya existe como libro, pero aún no lo he podido ver, y eso me produce una extraña sensación. Me siento como quien espera en un andén a alguien al que conoció tiempo atrás, y teme no reconocerlo de nuevo con la misma emoción, con los mismos ojos de entonces. Como el alquimista a punto de añadir la última gota de la poción sin haber visto nunca antes el resultado de su experimento, o el bruxo que pronuncia el maleficio recién leído en el Libro Verde sin atreverse a modular la última sílaba...
O como el gato a punto de abrir los ojos después de un largo sueño, en medio de la noche bajo la sonrisa de la luna...